martes, 18 de enero de 2011

Una promesa.

Va a hacer dos años que lo conocí. Aún recuerdo lo recuerdo con melancolía y se me dibuja una tímida sonrisa en el rostro.
Recuerdo con tristeza lo nervioso que estaba, lo nerviosa que me puso, la forma en que me miraba, la risa que me entraba...
Recuerdo ya con rabia la primera vez que llamaron a mi casa, la primera vez que nos invitaron a ir para verle.
Recuerdo con agonía la forma en la que me ató sin piedad, no me dejó escapar, me encandiló sin escapatoria alguna.
Recuerdo compungida, como si de arenas movedizas se tratara, lo rápido que me hundía, cada vez más cegada por nubes plateadas y mariposas doradas.
Recuerdo arrepentida el día en que te lo prometí, el día en que te prometí que iría y que tu vendrías también.
Recuerdo dolida como en mi momento especial, en el que te necesitaba cerca, en el que necesitaba a mis amigos, no estuviste. Viniste, es cierto, pero en vez de encontrarme con el caríño y aprecio, choqué contra un gran muro.
Y mientras recuerdo deseo no recordarlo.
Y ahora que llega tu momento, tu gran momento especial, ¿qué se supone que tendría que hacer yo? Haré lo que tú no hiciste. Para mí una promesa significa mucho, es mucho más de lo que crees, es mi palabra. Así que iré y me sentiré orgullosa de mí misma y estaré dispuesta a olvidarlo todo y mostraré mi gran sonrisa... y seré mejor que tú.
Va a hacer dos años que lo conocí, y me siento cada vez más fuerte.

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