Siento mucho haber tardado tanto en escribir: entre que no me iba el blog, y que cuando me iba no me dejaba escribir una nueva entrada ha sido caótico. Pero aquí estoy, dispuesta a contaros otra historia. Esta en particular me ocurrió este fin de semana pasado.
Estuve en Valladolid visitando a la familia de mi padre, que no es poca: mi tio y su mujer, mi prima y su marido y mi primo y su mujer. Y como en cada familia feliz había niños. y vosotros diréis: "bueno, por una par de primitos...". Pues no queridos lectores no eran un par de "primitos", eran cuatro, cuatro preciosos primitos menores de siete años. Y vosotros diréis de nuevo: "pero seguro que eran tan ricos......". Pues si eran ricos, daban ganas de comérselos... daban ganas de asarlos a la parrilla. No penséis que soy cruel, adoro a los niños.
pero soy una persona que adora dormir y la relajación. Que tengas que acostarte mega tarde porque los niños no quieren dormir, que cuando digan que sí tardes una hora en que se estén quietos en la cama, que cuando se duerman(al fin) se despierten y lloren cada dos horas por los sueños, que se levanten a las siete de la mañana y que no duerman siesta, es AGOTADOR. Y si ya es insufrible con uno imaginaros con cuatro.
Lo cierto es que siempre hay momentos bonitos en los que están tranquilos: cuando te bailan y te cantan, cuando se tumban encima y te piden que les cuentes un cuento, cuando te dan un besito y dicen: " te tero".
En fin, supongo que esos momentos son los que hacen que quieras tener un hermanito y es cuando se te derrite la boca. Aunque el dolor de cabeza que me produjo no me lo quita nadie.
Cambio y corto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario