domingo, 27 de marzo de 2011

El discurso de la reina. Relato kafkiano

Una luz cegadora invadió mi ser. Parecía como si estuviera a escasos metros del sol. La luz se filtraba por mis párpados. Un dolor agudo en la cabeza hizo acto de presencia como si acabara de darse cuenta de que estaba consciente.
Una vez me acostumbré a la luz abrí los ojos. Todo a mi alrededor era extraño, todo era de metal. La sala estaba llena de paneles y botoncitos iluminados que hacían `bip´ cada tres segundos. Logré levantarme pero
parece que a mi dolor de cabeza no le gustó mucho la idea. Inspeccioné la habitación. Al darme la vuelta me topé de frente con dos seres horribles de un color muy parecido al ocre. Sus tres, si he dicho tres, enormes ojos rojos me miraban fijamente. Su piel parecía moverse como un oleaje constante. Sus finas patas de araña peludas casi ni rozaban el suelo.
-Hola-dije yo, temerosa de causar una mala impresión.
"Bienvenida" fue poca respuesta en comparación con lo que me esperaba. Lo curioso es que la voz había sonado en mi cabeza, el ser no se habia movido, ni siquiera pestañeaba.
Su compañero agazapado detrás se puso muy cerca y, casi sin esfuerzo, se arrodilló ante mí.
"Mi señora, aguardábamos su llegada desde hace mucho tiempo" el ser no se levantó.
-Vaya cuanto lo siento, odio hacer esperar. Mi lema es: "sé siempre puntual".-dije yo.
Para cuando me quise dar cuenta seis enormes ojos rojos volvían a fijarse completamente en mi persona. Sonreí, odio los silencios incómodos.
-Bueno...y ,¿para qué me esperábais?-dije, intentando sacar un tema de conversación común.
"Hace siglos que carecemos de un rey en condiciones. Esperábamos ansiosos el momento en que llegárais para cumplir la profecía" dijo, mirándome por supuesto.
-Bueno pues si se trata de profecías no hay más que hablar, ¿qué tengo que hacer?
"Tan solo recitar el discurso breve para que la coronación sea plausible" hizo una reverencia "sígame".
Obedientemente seguí al curioso ser hasta lo que parecíá un ascensor. El otro ser, del que tan solo obtuve un "bienvenida", había desaparecido hace un rato.
El ser al que llamaremos ser1 me guió hasta una habitación similar a la anterior. La diferencia es que esta contaba con una mesa(por supuesto metálica) y un libro que superaría en grosor todas las novelas juntas.
"Deberá recitar el libro breve dentro de una knalf en el auditorio" dijo ser1 con la misma tranquilidad que le caracterizaba.
-Un momento, ¿todo el libro?-dijo algo asombrada la verdad.
"Sí, sino se pasará a ejecutar el jkipof" dijo ser1.
-Ah...y,¿cuánto es una knalf?- dejé mi voz en el aire durante unos segundos.
"Sería"la voz de ser1 se apagó durante un momento, pensé que quizá hubiera perdido la emisora de mi cerebro "Equivale a una hora terrestre"
Ser1 abandonó la sala, por lo que no tuve ocasión de preguntarle qué era..bueno como sea, no parece malo.Las probabilidades de escapar de un objeto volador no identificado en pleno vuelo son escasas. De hecho no recuerdo haber leído nada de ello, y si no aparece en un libro, no existe.
Procedí a intentarlo, a fin de cuentas ser la reina de una colonia de seres no era tan mala idea. Me dirigí hacia el mega-libro y lo abrí. Me hice daño en la vista. Esos símbolos eran horribles, mareaban solo de verlos.
Me dije que no se podían conseguir cosas imposibles. ¿Cómo iba a descifrar, comprender y aprender todo eso en una knalf?
"En fin, las personas curiosas tienen finales curiosos" me dije animada, después de todo, ¿qué es lo peor que podría pasar?

1 comentario:

  1. Me gusta mucho este relato, pero es fantástico, no kafkiano. Lo kafkiano siempre parte de una realidad cercana y visible para que ocurra en ella después algo irracional o absurdo.

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